Bienvenidos a
los septuagésimo cuartos juegos del hambre, una especie de gran hermano en el
cual unos jovenzuelos tienen que molerse a palos los higadillos hasta que solo
uno quede en pie. Interesante, ¿verdad? Pues bastante, en mi opinión, y eso que
la historia me suena; pero con japoneses, eso sí. Como la autora, según ella, nunca
había oído el nombre de cierta novela oriental hasta que la suya no salió a la
venta, corramos un tupido velo y centrémonos en el libro que nos ocupa.